El hombre que cambió su casco por la gorra verde olivo de Fidel


 

Por Onelia Chaveco

Cuarenta años después de intercambiar su casco blanco de constructor con la gorra verde olivo de Fidel Castro,  el recuerdo de aquel momento llena de alegría a Teófilo Suárez Oramas, un jefe de brigada que dirigió la edificación de obras de gran envergadura en la provincia de Cienfuegos.

FIDEL y TEÒFILO

Fidel y Teófilo en el momento que intercambiaron el casco blanco por la gorra verde olivo

En declaraciones exclusivas para la Agencia Cubana de Noticias, Suárez Oramas no quiso referirse a ese instante sin antes relatar desde el principio la historia de la construcción del emblemático hotel Pasacaballos, donde recibió en varias oportunidades la visita del  Comandante en Jefe.

“La idea de levantar el inmueble allí fue de él, que vio las hermosas vistas  de los poblados de pescadores del Castillo de Jagua y el Perché, y los paisajes marinos de la entrada de la Bahía de Jagua.

“Estaba con una parte de mi brigada remozando el Palacio de Pioneros Sueños de Juventud y me avisan que fuera para Pasacaballos,  porque yo iba a dirigir la obra, y Fidel estaba por llegar.

“Arrancamos para allá en un yipicito Willy,  pero como no había carretera buena debimos salir por la vía Pepito Tey-Rancho Luna. Poco después llegó  el Comandante.  Habló con todos e indagó por muchas cuestiones relacionadas con el hospedaje. Entonces,  me preguntó  de pronto: ¿Teófilo, dónde está tu gente?

T: Bueno,  Comandante,  yo tengo aquí solo 25 hombres

F: ¿Y los otros?

T: Están terminando Juraguá.

“Para asumir la obra Fidel me asignó un  yipi,  un equipo para mover materiales que llamábamos popularmente “tres cabito” y  una planta eléctrica, porque le dijimos que no había corriente. Y así comenzamos la construcción de Pasacaballos, con muchas dificultades, porque el terreno es roca viva.Construcciòn de hotel Pasacaballos en CienfuegosTeófilo cuando era jefe de la brigada que llevaba el nombre de su hermano Pedro Suarez Oramas

“Empleamos 15 toneladas de dinamita  para perforar el suelo donde se colocarían los cimientos del hotel y nivelar el terreno rocoso, por lo cual debimos mudar a todos los que vivían por allí, aunque siempre se quedaba alguno escondido como una familia de una casita cercana, a la cual debimos evacuar en medio de los explosivos.

“Hasta ese momento  solo se había hecho allí el desbroce del camino para andar a caballo. El Líder de la Revolución venía en muchas oportunidades y una vez coincidió con que estábamos tirando explosivos y rebajando una loma que había. Nos dijo:    “¿Ustedes son los constructores de Pasacaballos o los destructores?”. Al otro día volvió tempranito, a las seis de la mañana,  y entonces indicó que no rebajaran la elevación sino que había que revestirla.

“Como en toda obra ocurren accidentes, y yo me había caído de un guinche desde el tercer piso, me afecté una pierna,  pero al otro día le dije al chofer que viniera a buscarme y me fui a trabajar; casualidad que llegó Fidel y como no pude subir  los escalones nos reunimos en el primer piso, luego el periódico Vanguardia publicó  un reportaje que titulaba Entrevista al pie de la escalera.

“Allí mandó a situar algunos equipos para transmitir las orientaciones a la gente, por interno, y así con mis problemas en la pierna continué dirigiendo la construcción…”

La brigada de Teófilo, nombrada Pedro Suárez Oramas  en homenaje a su hermano caído en las arenas de Playa Girón, llegó a tener 207 miembros, y por primera vez en la provincia asumió la integración de mujeres dentro de la construcción en labores de colocar azulejos, como albañiles y pañoleras.

También formaron allí a 76 jóvenes, y asumieron a 65 obreros del curso político de la Escuela del Partido como apoyo a la obra de choque, para lo cual contaban con albergues y comedores donde alojarse, tanto hombres como mujeres.

Cohesionar a tantas personas diferentes bajo un mismo mando,  habla de la experiencia de Suárez Oramas como viejo constructor.

Sonríe cuando cuenta que no todo era color de rosas,  “siempre hubo sus cosas en la brigada, aquel que dio un piñazo, otro que se emborrachó, pero a todos se les llamaba a contar por la indisciplina, se les educaba,  se les atraía a la corriente mayor que era impulsar planta a planta el hotel”.

“También tuvimos afectaciones con la alimentación, nos la suministraban desde Santa Clara, y siempre contamos con el apoyo del primer secretario del Partido,  Humberto Miguel Fernández.

“El entusiasmo de la gente era grande, hoy se quedaban 45 trabajadores para el trabajo voluntario, mañana 50, luego 35  más.

Además, cortábamos caña en el movimiento voluntario y prestábamos a algunos hombres para acá y para allá, en la obra que hiciera falta.

“Uno de los trabajos más difíciles de la construcción del hotel Pasacaballos fue el montaje de la torre del elevador, que la preparamos en el piso. Sobre una plataforma el cabillero colocaba el acero y luego de que la levantamos se iba fundiendo;  por fuera iba un andamio para dar terminación.

“Se invirtieron 500 metros de hormigón, sin parar para arriba hasta terminar. Duró cinco días sin detenerse esa fundición. Hubo un momento en que se quedó por fuera el molde, con peligro para la vida de los compañeros.

“Después de terminar el alojamiento hicimos las pruebas de las instalaciones y una comida especial para todos los trabajadores, donde se estrenó el servicio a los comensales.

“Cuando llegó la fecha de la inauguración- 17 de julio de 1976- a todo el personal lo trajeron en ómnibus desde Cienfuegos.

“El Comandante en Jefe recorrió el inmueble.  La piscina era olímpica, de 50 metros, y recirculaba el agua, algo que ya no tiene. Fue restaurante por restaurante, pasó por los bares. Recuerdo que donde quiera que iba le brindaban un trago, y él me decía: Toma constructor.

Reseñó el periódico Granma que el día de la inauguración  el acto se efectuó en uno de los salones de la planta baja del hotel, el Comandante en Jefe recibió de manos de Teófilo las llaves del inmueble turístico.

Apuntó el periodista Juan Varela Pérez, de ese diario, que  primero intervino el avezado constructor y luego el Comandante.  Comentó Varela Pérez que: “Fidel al recordar las palabras pronunciadas por Teófilo Suárez, jefe de la brigada, expresó que este había dicho cosas en verdad emocionantes y admirables, cuando señaló la participación de los trabajadores de la brigada en la ayuda prestada a Viet Nam, en la reconstrucción de ese hermano país”

Teófilo recordó finalmente que el momento de la foto fue emocionante. “Ya al final cuando vamos a hacer la foto en grupo, él me da la gorra verde olivo para que me la ponga y me pide mi casco blanco. El fotógrafo de Granma tomó la instantánea y esa fue la que se publicó con el trabajo periodístico. Fue algo que me marcó y que uno guarda para toda la vida”.

“Pero además, esa preocupación constante de Fidel por la gente tan sencilla como nosotros, simples constructores, nos entusiasmaba tanto que nadie faltaba al trabajo. Después del acto, muy serio me recriminó: “Teófilo ya tienes que irte a curar esa pierna, y dirigiéndose a los directivos que estaban cerca les dijo: “Si lo cogen en la calle lo meten preso”. (Por Onelia Chaveco, ACN)

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Acerca de Onelia Chaveco

Soy periodista cubana
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