La historia de la torre del central Caracas


Por Onelia Chaveco

reparacion-torre-central-caracasHace apenas unos días culminó la reparación de la torre del central Ciudad Caracas, ubicado en Santa Isabel de las Lajas, en la provincia de Cienfuegos. La gigantesca mole, auténtico signo del poderío de ese ingenio y de sus dueños, la familia Terry, constituyó un hito en las construcciones azucareras de la época.

Una brigada de ocho hombres expertos en desafiar las alturas remozó el fortín afectado por el paso del tiempo, la falta de mantenimiento, las altas temperaturas, lluvias y descargas eléctricas, entre otras causas.

Según la investigación de mi colega Regla de la Caridad Abreu Gainza, la atalaya,  llegó a ser la más alta de su tipo en Cuba y junto a la elegante casona, una muestra del imperio de la familia Terry.Entrada del ingenio Ciudad Caracas

Con 150 pies, la torre fue levantada en 1889 por el maestro albañil Arthur Dacourt y es ejemplo de lo que fuera el linaje de los Ferry, con su altura exclusiva dentro de la industria azucarera en Cuba.

Relatan los vecinos del lugar que el dueño del ingenio, José Emilio Terry, ordenó traer desde Bélgica los materiales para la construcción del gran  vigía, entre los cuales incluían los ladrillos, cada uno con sus iniciales.

Alrededor crecen ahora hierbas silvestres y a veces alguien se sienta a descansar a sus pies. Pero aunque haya perdido el color original de aquellos ladrillos, la torre permanece erigida en la actualidad y hace gala del nombre del ingenio, único que mantuvo su identidad en la provincia.

A la casona se accede luego de atravesar la simétrica hilera de palmas y el jardín adornado con dos coloridas fuentes, para encontrarse en primer plano con el enrejado de la segunda planta, donde se observa claramente el sello de la familia iniciada por el venezolano Tomás Terry Adams, en Cienfuegos.

Según la historia, en los bajos de la vivienda se instalaron oficinas y en el segundo piso vivía el hijo y heredero máximo de Terry, José Emilio, con su esposa Silvia Alonso.

Hace más de siglo y medio esta fue de las más bellas casas de su tipo por la zona, pero con el paso de los años, las inclemencias del tiempo y el descuido o la falta de recursos, el hogar de José Emilio y Silvia quedó detenido en el pasado.

Ahora los gorriones hacen nido en su techo y en las noches parece refugio de fantasmas; pero al amanecer, con el ajetreo de la producción de azúcar, despierta otra vez Ciudad Caracas con su torre, su casona y en el ambiente ese aroma a dulce mezclado con esfuerzo, historia y misterio, concluyó Regla.

Sin embargo, el ingenio como tal concluyó una zafra eficiente y culminó entre los mejores de su tipo en el país. Ahora se prepara para sumarse a la próxima contienda con muy buenas perspectivas.

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Acerca de Onelia Chaveco

Soy periodista cubana
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