La Bruja de las Calabazas


Por:Onelia Chaveco
1-bruja2-320-398pxConsiderado de tradición universal, el mito de las brujas en Cuba toca a todos los rincones del país, fundamentalmente rurales, y en ese conglomerado de fábulas no podía estar exenta Cienfuegos.
Alrededor de esos seres fantásticos se crearon y entretejieron las más increíbles historias de superstición, travesuras y fechorías.
Desde la costa del Turquino, en Palma Soriano o Baracoa, Ranchuelo o Trinidad, las brujas tuvieron un similar comportamiento, aunque con muchos elementos añadidos por la imaginería popular, que la hicieron alcanzar los ribetes inverosímiles que conocemos hoy.
La Perla del Sur, preñada de leyendas, de historias legadas desde los primeros habitantes, también tuvo su bruja, tan famosa que aparece en Tradiciones y leyendas de Cienfuegos, de Adrián del Valle; y luego Samuel Feijoo la recogió en su Mitología Cubana como La Bruja de las calabazas.
Cuentan que un día se notó la presencia de un rostro extraño que causó rara impresión entre los habitantes de la colonia Fernandina de Jagua.
La mujer ya entrada en años, era alta, encorvada y de ojos pequeños y vivos, nariz curva, barbilla afilada, con boca sin dientes y de arrugada y terrosa piel, la viva imagen de una bruja. bruja
Comenzaron a llamarle Ña Belén, mientras dudaban de su procedencia, pues algunos afirmaban que había venido desde Yaguaramas montada en un buey, su única propiedad, al tiempo que otros sostenían que, montada en una escoba larga y mugrienta, procedía de Canarias.
La mujer se ganaba la vida lavando y ejerciendo de curandera. Pronto tomó fama en la comarca al punto de creerla capaz de curar todos los males del cuerpo y el alma.
Un día que apareció por Fernandina de Jagua una enfermedad rara secundada por fiebre, la gente empezó a culpar a Ña Belén de ser la causante de aquellos males, incluso que arrebataba los pequeños hijos a sus madres, y que cada noche llegaba la vieja bruja a su bohío con una sarta de bebés.
Las murmuraciones se convirtieron en comentarios cada vez más mordientes en contra de Belén, a quien acusaron, además de envenenar personas y realizar la hechicería.
Su sorpresiva desaparición poco tiempo después, trajo entonces otra ola de comentarios sobre si había muerto o no, o si se la había llevado el diablo. Incluso, muchos contaron ver cómo la bruja de las calabazas se elevaba montada en una escoba provista de infantes robados y sosteniendo en la otra mano un paraguas, mientras en su ascenso la rodeaba una nube de lechuzas y murciélagos.
Aseguraron otros pobladores que la historia tuvo un final sangriento para Ña Belén, pues algunos de los vecinos del lugar se llegaron a su bohío, le dieron muerte para ahuyentar los embrujos de la villa y le sepultaron en un lugar donde más tarde hubo una tienda.
Mientras, hubo quienes creyeron que Ña Belén fue obligada a abandonar la colonia por orden expresa del fundador Don Luis De Clouet, quien quería mantener el orden y la cordura en la Fernandina.
Desde esa época la Bruja de las calabazas formó parte de los mitos y leyendas de la región de Cienfuegos, y consolida a las brujas como tradición universal.

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Acerca de Onelia Chaveco

Soy periodista cubana
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