La misteriosa Dama Azul del Castillo de Jagua


Por Onelia Chaveco
la dama azul
Hace poco escribí sobre el hallazgo de un enterramiento en el Castillo de Jagua. Allí mencionaba la leyenda de la Dama Azul.
Para satisfacer la curiosidad de quienes leyeron aquel escrito en este blog, les cuento un poco más.
Entre los poderosos muros de la Fortaleza de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, ha vivido una mujer durante más de 260 años, atrapada por su propia historia, esa que los hombres rodearon de mitos y leyendas.
La nombran La Dama Azul, y por las noches, durante la luna llena recorre aún la torre, el campanario, los salones, la capilla y se llega hasta el puente levadizo del Castillo, que alzado cada atardecer no dejar entrar los espíritus de los filibusteros y piratas, y tampoco deja escapar a la mujer.
el castillo de Jagua
Como su leyenda es tan vieja como el propio castillo de piedra, entonces hay que buscar su origen en aquella época cuando la edificación estuvo concluida por los años 1745.
Según los historiadores, ese era el último bastión militar edificado por España en la costa sur de Cuba a fin de proteger los predios de la colonia de los ataques de corsarios y piratas, quienes saqueaban las villas y localidades próximas al litoral.
Uno de los puertos más visitado por esos marinos era la bahía de Jagua, lugar ideal para carenar, con buenas maderas, ganado y otros recursos, además de la protección necesaria en cayos, ensenadas y canalizos.
A fin de contrarrestar el asedio a estos lares, se intentó fortificar el puerto en 1682, pero solo 60 años después vino a concretarse la idea sobre el promontorio rocoso de la parte oeste a la entrada de la bahía.
La construcción que concluyó en 1745, estuvo dirigida por el ingeniero José Tantete, y acto seguido dotaron al fuerte con 10 cañones de diferentes calibres que alejaron a los filibusteros pero no a las leyendas.
Según narra la Leyenda de la Dama Azul, contada por los primeros pobladores de los pueblos de pescadores del Perché y el Castillo, en horas de la noche, cuando la quietud lo envolvía todo, aparecía un ave muy rara, de gran tamaño y bello plumaje que volaba en grandes espirales sobre el Fortín lanzando agudos graznidos.
Al escuchar los chillidos, casi como en respuesta a esa llamada, salía de la capilla de la fortaleza una sombra de mujer elegantemente vestida de azul con brillantes y esmeraldas, y cubierta de un velo que le protegía su identidad.
la fortaleza resguarda al poblado del castillo de JaguaLuego de pasear por sobre los muros y almenas de la Fortaleza, desaparecía súbitamente, como si se disolviera en el espacio. La fantástica visión, se repetía por varias noches, la cual producía temor entre los soldados que guarnecían el Castillo pese a ser veteranos de guerra.
Aterrorizados por el fantasma, los militares rehuían la guardia en las postas del castillo y no se atrevían a enfrentar la misteriosa mujer.
Uno de los más osado, un joven con el grado de Alférez, recién llegado, arrogante y decidido que no creía en fantasmas ni apariciones de ultratumba, decidió acercarse a la Dama Azul y mostrarle a sus compatriotas que no era otra cosa que fruto de su imaginería extraviada y calenturienta.
Se dispuso así en una buena noche a sustituir al centinela de guardia. Recorrió los alrededores del aljibe, pasó por el puesto de Mando y subió al campanario donde la brisa se sentía más pura y sobre el mar se ensayaba una fiesta de luz provocados por el movimiento de las olas y los rayos de luna.
Casi se aburría de tanta inacción, cuando sintió el aleteo por detrás de su cabeza y en efecto un enorme pájaro sobrevoló el entorno del Castillo.
El Alférez debió correr escaleras abajo para desde lo alto del segundo piso observar cómo una hermosa mujer atravesaba las paredes de la capilla religiosa y salía vaporosa toda envuelta en el tul, para avanzar a su encuentro con el raro animal.
Al amanecer, los soldados que malamente durmieron esa noche por el ruido del ave, corrieron a buscar al joven militar para saber cómo le había ido en su encuentro con su Dama Azul.
Mas, el joven desvalido en el suelo tenía la mirada perdida y nada pudo contar; a su lado la espada rota y el velo azul de la mujer que aún en las noches de luna, con la quietud nocturna, sale de las paredes del Castillo en busca de un ave que revolotea y grazna sobre la vieja fortaleza de Cienfuegos.

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Acerca de Onelia Chaveco

Soy periodista cubana
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