El Guije: Con el embrujo de nuestras raíces


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“Cuando el mito es bello es arte”. Así escribió Samuel Feijóo y con esa premisa del investigador y escritor nacido hace 99 años atrás-un 31 de marzo de 1914- en la antigua provincia de Las Villas, nos acercamos a uno de los más grandes exponentes de la mitología cubana mayor: El Guije.

El Guije

El Guije


Según estudios realizados a lo largo de Cuba, esta leyenda clasifica como el mito primero del país, no solo por ser uno de los más fantásticos, de fabulación más artística, sino también por poseer tanta vigencia que asombra por su variada riqueza, en especial en nuestras zonas rurales.
A pesar de haber llegado a las nuevas generaciones a través de un programa infantil televisivo; nombrado Por el camino de los Juglares, la génesis del Guije, su historia y desarrollo, aún es desconocido para muchos habitantes de esta Isla.
El Guije no es más que ese duendecillo negro, de cabellos rizados y dientes largos, con temperamento juguetón y enamorado, que suele aparecer desnudo por esos ríos y arroyos.
Es así que ningún punto de la geografía escapa al misterio que rodea a ese personaje, ya sea en Bayamo, Santi Spíritus o Cienfuegos.
Precisamente por acá tenemos historias de guijes, que se narran como ciertas, pero la más sobresaliente es la protagonizada en la Laguna del Itabo, dentro del río Caonao, en Cienfuegos.
Feijóo que conoció de punta a cabo El Guije[/caption]la finca de la Josefa, y pudo entrevistar a varios campesinos de la zona, recopiló referencias sobre el legendario guije que a saber aparecía los viernes santos antes de salir el sol.
Uno de esos testimonios proviene de Manuel Roque, conocido por Canelo, quien entonces aseguró que en los tiempos de los Iznaga, por las tardes salía un guije en la Laguna del Itabo, solo al atardecer, pues no le gustaban ni las mañanas ni las noches.
Referían otros entrevistados que el duende salía en forma de gente, con el objetivo de asustar a las familias campesinas residentes muy cerca de los cañaverales, y donde atemorizó a los macheteros.
La versión más pintoresca de este fantasma es la que trata sobre la coexistencia de un guije y una madre de agua en la propia Laguna del Itabo. Cuentan que el espectro no comía gente como tal, pero era tremendo.
Cuando el paso del ciclón conocido por Valbanera, la crecida del río Caonao había traído una palma y la había dejado recostada cerca del lagunato. El guije tomó la costumbre de subirse arriba del tronco y secarse cogiendo el calor del sol. Siempre dejaba sobre el bolo de madera un charco de agua, señal de que allí estuvo la aparición.
Sobre el mito del guije, muchos habitantes de la zona de La Josefa juraban y perjuraban que habían visto el charco, aunque no al duendecillo. Solo un tal Luciano pudo cruzarse con el mítico ser, por lo que decidió atraparlo a la primera oportunidad que se encontraran.
Por eso preparó un lazo y se puso al acecho, mas, cuando el pequeño estaba ensimismado tomando sol sobre el tronco de palma, el campesino se le acercó por detrás y le abracó para retenerlo, pero el gnomo era muy fuerte y no lo pudo dominar pese a la resistencia. De paso le quedó a Luciano unas fiebres muy altas y a poco murió.
Otros referían que si uno no miraba al guije, este lo observaba largo rato, y al solo darle una ojeada esa personilla se tiraba al fondo del río. Incluso las madres para evitar que sus hijos fueran a bañarse al riachuelo le decían que en esa zona salía un guije sin ombligo.
Además de la presencia de esta quimera en el río Caonao, se reporta la existencia en el Río Ciego, Río Damují, y en el charco de las Cañabravas en Cumanayagua, así como en Arimao y en Santa Isabel de las Lajas, donde existe el llamado Charco del Guije, donde habitaba uno de esos personajes con trenzas largas.
Incluso el propio decimista Luís Gómez, años atrás declaró a Feijóo algunas referencias sobre el mitológico personaje, pues según le había contado un amigo suyo que transportaba azúcar en una patana por el Damují, casi siempre se le montaban dos negritos enanos encima de la embarcación, bailaban rumba muy contentos y luego se lanzaban al río.
Fabulación al fin y al cabo, pero tan arraigado que ese Mito Mayor cubano ya es parte de nuestra identidad y de la cultura nacional.

ESTROFAS DE LA CANCIÓN DE SILVIO RODRÍGUEZ.
“El güije de la soledad”

Del fondo soy de la laguna fría
donde la novia de la noche va
a deshacerse en platería
sobre mis aguas de oscuridad.

Soy sobresalto de los imprudentes
que se extravían en su trasnochar
y, aunque no soy heraldo de la muerte,
yo soy un güije de la soledad.

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Acerca de Onelia Chaveco

Soy periodista cubana
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