Las Cabañuelas: ¿Serán tan mentirosas?


Por Onelia Chaveco
Nada hay más mentiroso que las cabañuelas, así sentenció el escritor Tomás Álvarez de los Ríos en su novela Las Farfanes. Sin embargo, durante siglos hombres y mujeres del campo en diversas latitudes dependieron de las cabañuelas, ese pronóstico a mediano y largo plazo emitido por el agricultor tanto en Europa, América Latina o Asia.
Desde períodos muy antiguos la Humanidad ha tenido la necesidad de predecir el tiempo. La observación del cielo siempre ha sido un punto de inicio para muchas predicciones, mitos y temores. En el caso de las cabañuelas, la experiencia y tradición juegan un papel fundamental.
El hombre del campo, de forma muy empírica, y apoyado en sus conocimientos del entorno y de sus propias experiencias, predice el clima gracias a la observación de las nubes, la dirección del viento, las características del Sol, la Luna, las estrellas, la niebla, el rocío de la mañana, el arco iris o el granizo.
Las Cabañuelas tienen diversos orígenes etimológicos dependiendo del lugar de procedencia. Se sabe que del lenguaje maya viene la palabra “caban” que significa “el día”. A los pronósticos de ese día se les llamaban “cabanel”. Por otro lado, se cree que surgió en Zamuc o “fiestas de las suertes” del calendario babilónico.
El uso de esta técnica para realizar una predicción meteorológica a largo plazo de momento no tiene base científica, pero su ancestral procedimiento suele tener aceptables resultados, tan es así que la mayoría de los pronósticos hechos de esta manera tienen una correlación de entre el 60 y 70 por ciento.
Hay diversos procederes para predecir las cabañuelas. Generalmente, esta habilidad pasa de padres a hijos en las áreas rurales, aunque con el desarrollo de la Agricultura, y sobre todo del Internet, así como de las predicciones meteorológicas, ha caído en desuso el singular pronóstico.
Quienes se consideran expertos en cabañuelas en España suelen recurrir a las observaciones de fenómenos meteorológicos a lo largo del mes de agosto.
Nadie sabe porqué, solo que en esos días se decide la situación climatológica del año siguiente. Por ello observan los primeros 24 días de agosto, siendo los 12 primeros días de forma descendente y la otra docena de manera ascendente.
Sin embargo en Cuba se escogen los primeros 12 días de enero. Para muchos agricultores si llovizna, llueve o cae un gran aguacerón, así se comportarán los doce meses de ese propio año.
Es decir si el segundo día de enero sobreviene una pertinaz brizna, será entonces febrero un mes de pocas lluvias, pero si el día 10 de enero cae el chaparrón, es que el décimo mes, octubre, tendrá buenos aguaceros.
Mayoritariamente los campesinos en cualquier provincia cubana han usado esas dichosas cabañuelas para las predicciones de las lluvias y sobre todo para saber cuando deben atrasar o adelantar las siembras o las cosechas. Aunque muchas veces se les dañaban los cultivos con un vaticinio tan inseguro.
No obstante, el acelerado desarrollo de la meteorología en Cuba permite ahora llegar hasta el último rincón de la Isla con acertadas predicciones del tiempo, ya por la radio, o los canales de televisión. Un asidero con mucha más credibilidad que las cambiantes cabañuelas.

Anuncios

Acerca de Onelia Chaveco

Soy periodista cubana
Esta entrada fue publicada en Galería y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s