Un talismán para las piñas


Por: Onelia Chaveco

 Cuenta la leyenda que nada mejorpara las malas vistas sobre los sembradosde piña que colocar bacinillas o tibores por doquier. En Santiago de Cartagena, un poblado con nombre de gran ciudad, en el municipio de Rodas, provincia de Cienfuegos, los campesinos dicen que cuando los malos ojos posan la primera mirada sobre algo hermoso, lo marchitan, lo queman y hasta lo hacen morir en pocas horas.

  Rolando Rodríguez, conocido por el alias de Pipe, es uno de esos agricultores que disfruta de las buenas cosechas, por eso localizó una decena de vasijas y cuando el campo de piña comienza a despuntar, le coloca varios de esos urinarios, a modo de espantapájaros.

  Pipe quizás no sepa que a lo largo de los siglos y en diversas regiones del mundo, personas que han creído en esa leyenda, utilizaron disímiles amuletos para proteger los bienes más queridos. Incluso, en Cuba es muy común poner un ojito de Santa Lucía a los niños recién nacidos.

  El talismán consiste en una plaquita de oro o de plata con un ojito, un azabache y un coral rojo, que se expende en mercados y puntos de artesanía.
Como tal el mal de ojo es un fenómeno supersticioso en el que supuestamente se produce un mal a una persona a través de la mirada, la cual puede producirse de manera voluntaria o involuntaria.

   En algunas culturas orientales se cree, también, que las personas de ojos claros (azules, verdes, grises) tienen mayor poder para el mal de ojo. Según se estima, los síntomas del aojamiento en la cultura popular son los de un cansancio, adormecimiento o pesadez, que termina enfermando gravemente a su víctima.

  Tales tesis sostienen igualmente que puede padecer el mal de ojo cualquier objeto favorito o querido, dígase mascota, plantas ornamentales y producciones agrícolas, como las del caso de Pipe.

  Popularmente, se han buscado remedios a modo de prevención, por ejemplo, pisar los zapatos nuevos de familiares y amigos para evitar la envidia, escupir a los bebés o embarazadas (en las culturas populares se considera la saliva como protectora), la interposición de objetos considerados como mágicos o protectores mágico-religiosos.

     Se considera una protección ponerle un objeto llamativo al envidiado o afectado, una cinta roja es lo más común a fin de llamar la atención de la mirada del observador y colgar amuletos que sirven como escudo al mal.

  Los fetiches más comunes utilizados en América Latina van desde una semilla llamada ojo de venado, cuentas de vidrio roja y negra, hasta un imperdible de plata con un ojo azul de vidrio. Ya en la lejana época del Antiguo Egipto se utilizó como protección el Ojo de Horus. Desde entonces se conocía de maleficios visuales que llegaron hasta estos días sin variar su esencia como esa de proteger aunque sea con vasijas para recoger la orina.

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Acerca de Onelia Chaveco

Soy periodista cubana
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